Después de darle muchas vueltas a la cabeza, de sentir que eras el único capaz de hacerme llorar riendo y reír llorando, he llegado a la conclusión de que esto no es sano, al menos no lo es para mí. Hemos entrado en un bucle en el que ni sé como se sale ni estoy segura de querer hacerlo. Sólo sé que parece que cuando consigo sacarte durante al menos un rato de mi cabeza llegas con esos aires misteriosos que te envuelven y con sólo una palabra consigues que me ponga a temblar; eres tan capullo y a la vez tan dulce que me enganchas de una manera increíble, sin importarme que te escondas durante días o que, en ocasiones, mi dignidad acabe arrastrada y pisoteada por la suela de tus bonitas zapatillas.
Puede que el intento de querer tomar esa distancia de seguridad contigo se convierta en uno de los muchos intentos del año del tipo "el lunes me pongo a dieta", "el lunes salgo a correr"... igual poco a poco te has convertido en un auténtico reto en mi cabeza, de esos que por más empeño que pongo en conseguirlo - contigo lo he intentado todo - al final siempre acabamos de la misma manera: en la cama, días sin saber nada el uno del otro y vuelta a empezar. Siempre el mismo puto bucle.